domingo, 26 de enero de 2014

Pipí en orinal

El día que hemos hecho 26 meses hemos hecho pipí solitos en el orinal.

Los primos nos han dejado uno, ya que nos daba pánico sentarnos en el adaptador de la taza. Y eso que iba tan feliz, se quitaba la ropa, el pañal...pero en el momento de sentar, como si nos quemara el culo!!.

Sentado y viendo Bob Esponja después de cenar, ala, salió el pis. Felices los tres y aplaudiendo el progreso los papás, y él alucinado. Debió de pensar "¡jolín, como me aplauden por el pis!. Pues cuando me quitan el pañal empapao no me aplauden".

En fin, vamos avanzando en el tema aunque todavía no pide siempre pis y caca antes de hacerlo, solo  a veces, y la mayoría se queja cuando ya lo ha hecho. Paciencia.

He encontrado en internet estas pautas para hacer el proceso más fácil (Guía de atención temprana de 0 a 3 del Gobierno de la Rioja):


Programa orientativo para el control de esfínteres diurno

Indicadores o señales de cuando empezar: el niño está preparado para iniciar
este aprendizaje cuando observamos la mayor parte de estas señales:
• Se siente incomodo cuando está sucio o mojado.
• Podemos notar cuando está evacuando, pues realiza comportamientos
como: caminar de un lado a otro, se toca los genitales... Esto nos indica
que el niño ya logra reconocer señales corporales de su necesidad.
• Sabe y se esconde detrás de un sillón o desaparece un tiempo...En este
caso además de reconocer posponer un periodo pequeño de tiempo la satisfacción
de esta necesidad.
• Muestra interés por las actividades que se realizan en el baño. Mamá o
papá utilizan el inodoro, imita acciones propias de esta actividad...
• Comienza a mostrar regularidad en sus conductas evacuatorias: pis en ciertas
horas del día mas o menos fijas, por ejemplo al levantarse o al mediodía...
• Tras un periodo de tiempo, en el que ponemos al niño en el orinal o WC,
con regularidad y observamos que la mayoría de las veces defeca o micciona
cuando lo ponemos.

A partir de aquí, debemos actuar de la siguiente forma:

1.- Retirar el paquete durante el día y no volvérselo a poner.
2.- Poner al niño/a en el Orinal o WC, durante no más de cinco minutos, cada
dos horas los quince primeros días. Es importante hablar con él recordándole
que va a hacer pis y que él lo diga.
3.- Cada vez que haga pis, reforzarle premiándole con algo que le guste.
4.- Si el niño controla pasados unos quince días, entonces comenzaremos a
ponerlo cada dos horas y media.
5.- Reforzar de igual forma cada vez que haga pis.
6.- Después de otros quince días, si controla bien, pasar a ponerlo cada tres horas.
7.- A partir de este momento se le reforzará cada dos veces que haga pis en el orinal.
8.- A los quince días de controlar y pedir cuando tenga ganas de ir al WC, reforzar
únicamente al final del día.
9.- Por último, retirar el refuerzo puesto que ya no lo necesita.

martes, 21 de enero de 2014

La mejor guardería


Os dejo este artículo super interesante, que tiene su moraleja: esta sociedad es injusta con los niños y con las familias, y lo que debería ser normal (estar con tu hijo los tres primeros años, los más importantes para su desarrollo) es en la mayoría de los casos imposible por desgracia, porque hay que traer un sueldo a casa y lo de la conciliación familiar simplemente no existe.


Siempre he tenido que escuchar de familia cercana frases como "como se nota que Diego no va a la guarde", "va a ir retrasado en el cole", "llévale que allí te lo educan" (esta la odio, porque a tu hijo lo educas tú), "si le llevas tendrás más tiempo para ti, es donde mejor están", "no va a ser sociable"...y yo, a pesar de que sea duro compaginar crianza y trabajo y de trabajar en casa, y de ganar lo justito para vivir...sonrío como cuando se meten con darle la teta todavía (que tonterías hay que oir por favor). Creo y siento que soy privilegiada, porque he podido y puedo hacerlo. Está claro que cada situación es distinta y que no por dejar a tu hijo en una guardería lo estás empaquetando, porque nadie lo hace por gusto sino porque no le queda otra o por sus propias circunstancias o decisión, la elección es de cada uno y lo que elija cada uno bien elegido está.  Pero en mi caso estoy feliz.



También me he preguntado por qué no aprendemos de otras sociedades que sí cuidan de su infancia, como la Finlandesa. Todo sería mucho más fácil para las familias. Pero lo bueno no lo copiamos en este país de pandereta.


Deseo que os guste.



Eulàlia Torras es médico, psiquiatra y psicoanalista. Posee una Fundación dedicada a la atención piscológica y psiquiátrica de niños, adolescentes y familias. Ha publicado numerosos trabajos, entre ellos este pequeño libro, cuya idea nació a raíz de una entrevista que realizó para La Vanguardia en la sección «La Contra».
El título del libro lo dice todo. En definitiva, habla de lo que se resume en la entrevista que os copio más abajo; los inconvenientes de abusar del uso de guarderías dado que éstas atienden a las necesidades de los padres pero no a las necesidades de los bebés y niños pequeños.
La tendencia actual es enviar a los niños cada vez más pronto a las instituciones cuidadoras. Según las conclusiones de las investigaciones de Jay Belsky, el resultado es el riesgo psicológico que representa para los bebés de nueve o diez meses asistir a guarderías más de diez horas semanales. Veinte horas por semana supone una situación de riesgo y a partir de treinta horas asegura que habrá problemas de agresividad y reacciones antisociales y de desadaptación. A medida que aumentan las horas, aumentan los problemas de conducta y su gravedad.
Se suele hablar de que los niños criados en guardería son más independientes y sociables pero, según estos estudios, hay muestras evidentes de que terminan desarrollando mucha más necesidad, reclaman mucha más atención y sus demandas deben ser atendidas inmediatamente. Se vuelven fácilmente celosos, se peleaban a menudo y son desobedientes, desafiantes y agresivos.
Por todo esto, se incide tanto en la edad en la que el niño comienza a asistir a la institución, desaconsejando totalmente hacerlo dentro del primer año.
Los experimentos que ha realizado Rygaard con chimpancés, demuestran que la separación precoz produce alteraciones del electroencefalograma y que se mantienen aún después de que se recupere el contacto, así como una disminución de la función inmunitaria y, por tanto, una tendencia mayor al contagio de enfermedades.
Como podemos ver, diversos estudios demuestran la importancia del apego para un desarrollo saludable y, sin embargo, se obvian estos conocimientos y seguimos actuando como hasta ahora. Eulàlia aboga por cambiar los modelos establecidos y reivindicar como padres el derecho de un respaldo real y necesario por parte del estado. Ayudas laborales y económicas para conseguir una auténtica conciliación entre vida familiar y laboral.
Sabemos que nuestros bebés están mejor con sus papás pero ¿hacemos algo por cambiarlo? Tenemos que luchar por modificar los patrones en lugar de quedarnos de brazos cruzados.

Entrevista para La Vanguardia

¿Qué tiene de malo una guardería?
Es algo que necesitan los padres…, pero no es lo que necesita un bebé.
¿Y qué necesita un bebé?
La cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres.
Pero si los padres no pueden…
Dejan a sus bebés cada vez más tempranamente en guarderías, sin calibrar las consecuencias…
¿A qué edad entran los bebés en guarderías?
¡Con cuatro meses! Algo impensable hace 40 años…
¿Y qué consecuencias tiene esto?
Mala crianza. Asumimos como normal que nuestros bebés enfermen, ¡y no lo es!
¿Enferman por culpa de la guardería?
Multiplica las posibilidades de enfermar: el bebé está más expuesto a gérmenes… y, sobre todo, más propenso a toda afección.
¿La guardería acentúa la propensión a enfermar del bebé?
Sí. El propio hogar, los brazos de mamá y papá, un círculo reducido de personas… ¡eso es lo que fortalece emocional, cognitiva y físicamente al bebé! La guardería, en cambio, puede comprometer su desarrollo.
¿Tanto como eso?
El ingreso en la guardería lo hace retroceder temporalmente en competencias que está adquiriendo, como hablar, caminar…
¿Por qué?
Un entorno estable proporciona seguridad al bebé, seguridad que lo anima a explorar: así madura bien. Alterar su entorno le resta seguridad, lo que frena su desarrollo.
¿No está dramatizando, doctora?
Lo confirman los últimos hallazgos en neurociencias y psicología evolutiva.
¿Me los resume?
De los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores…
¿Y besos?
Y besos. Todo eso sofistica y enriquece su sistema neural y nervioso, el sistema desde el que establece su relación emocional y cognitiva con el mundo y consigo mismo.
¿La guardería no da esos estímulos?
Imposible en grado óptimo, improbable en el necesario, difícilmente con la intensidad y calidad de unos papás atentos y amorosos.
Ya no existen a tiempo completo.
Y quizá por eso llegan cada día a las consultas más psicopatologías en niños cada vez menores… ¡España es ahora el tercer país que más psicofármacos receta a menores! Cortamos síntomas sin analizar causas.
También padecemos en España un elevado fracaso escolar.
Tampoco analizamos causas, preferimos castigar o etiquetar: “trastorno por déficit de atención e hiperactividad”, y medicar.
Ir pronto a la guardería ¿no garantiza una mejor escolaridad ulterior?
No. Hay que escolarizar al niño justo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar.
¿Y a qué edad sucede eso?
No antes de los tres años.
¿Tan tarde?
En Finlandia los padres no están obligados a escolarizar a sus hijos ¡hasta los siete años! Y Finlandia es el país con menos fracaso escolar de Europa, vea el informe PISA.
Seguro que concurren otros factores…
El principal es que el Estado sufraga durante el primer año a los padres. Y luego permite horarios laborales intensivos o reducidos. Así, ¡los padres pueden criar a sus hijos! Y un niño bien criado en casa llegará a la escuela muy estimulado, con ganas de descubrir. Y aprenderá más y mejor.
O sea, que deberíamos mimar al bebé.
Atender sus necesidades de hambre, sueño y –sobre todo cariño. No es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá! Porque el niño así criado gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán.
¿Y no será así si se ha criado con mucha guardería o en un orfanato?
La pobreza de estímulos empobrece su desarrollo: serán niños poco orientados, intemperantes y más agresivos, más vulnerables a la frustración, más depresivos…
Diga algo bueno de las guarderías.
Muchas tienen excelentes cuidadoras, pero repartirse entre tantos niños imposibilita la calidad de la atención personalizada.
Mejor una guardería que algún hogar.
Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica, ¡mejor una guardería, sí! La guardería es útil en ciertos casos y momentos, pero no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé.
Envíe un mensaje a los padres.
Uno de la doctora Julia Corominas: “Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores”. Ahorro en salud física, mental y emocional.
¿Qué haría si mandase en España?
En vez del populismo político de inaugurar guarderías, subvencionaría a los padres para que dedicasen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años: ¡eso sí sería progresista!
En algo sí habremos progresado en los últimos 40 años..
Sí: en conocimiento. Sabemos cómo optimizar el desarrollo de los niños. ¿Por qué no lo  aplicamos? ¿Queremos su felicidad futura?
Al final del libro, Eulàlia recoge algunas de las opiniones de padres y profesionales que respondieron en Internet en relación a este artículo. En una de ellas, un educador infantil reconoce que, a pesar de estar orgulloso de su trabajo y el de sus compañeros, no puede más que estar de acuerdo. Está claro que, por muy profesional y mucha vocación que se tenga, no se puede atender igual a cada bebé si estás a cargo de ¡por lo menos cinco!«El problema es que hemos aceptado como normales unas condiciones laborales y de atención absolutamente irracionales, pero ha llegado el momento de cuestionarse si el objetivo es que de forma universal los bebés de 17 meses estén en centros o con sus madres/padres».

Fuente: http://ahorasoymama.com/la-mejor-guarderia-tu-casa/

lunes, 20 de enero de 2014

Hands free mama

http://www.handsfreemama.com/about-hands-free/

Os invito a leer sobre este maravilloso proyecto: focalizar sobre lo que realmente importa.

Llegué a esta página desde un artículo que reproduzco a continuación (fuente www.huffingtonpost.es).

Me encantan las notitas que me escriben mis hijas, ya estén garabateadas con rotulador en un post-it o escritas con perfecta caligrafía en papel cuadriculado. Pero el poema para el Día de la Madre que mi hija mayor me escribió la pasada primavera me emocionó especialmente.
Fue la primera línea de este poema la que me dejó sin respiración un segundo antes de que las lágrimas empaparan mis mejillas.
Lo importante de mi madre es... que siempre está ahí para mí, hasta cuando me meto en líos.
Resulta que no siempre ha sido así.
En mitad de mi agitada vida diaria, llegó un punto en el que empecé a actuar de una manera muy diferente a la forma en que me había comportado hasta entonces. Me convertí en una gritona. No es que lo fuera siempre, pero llegaba a ser excesivo, como si un globo muy hinchado explotara de repente y asustara a todo el mundo de alrededor.
Pero, ¿qué hacían mis pequeñas de 3 y 6 años para que yo me pusiera así? Quizás insistían demasiado en salir corriendo a por tres collares de cuentas más y a por sus gafas de sol rosas favoritas aunque ya fuera tarde. O intentaba echarse ella misma sus cereales y vertía la caja entera por la encimera de la cocina. O se le caía al suelo y destrozaba mi bonito ángel de cristal, ese que sabía que no debía tocar. O se negaba a dormirse cuando lo único que yo necesitaba era paz y tranquilidad. O peleaban por cosas ridículas como quién era la primera en bajarse del coche o quién podía coger el trozo más grande de helado.
Sí, eran este tipo de cosas: cosas de niños, descuidos, percances y actitudes que me irritaban hasta el punto de llegar a perder el control.
Os puedo asegurar que no es fácil escribir esto. No es un periodo de mi vida que me guste recordar porque, a decir verdad, en esos momentos me odiaba mucho a mí misma. ¿En qué me había convertido? ¿Por qué tenía que gritar a esas dos criaturitas a las que quería más que a mi vida?
Os voy a contar cuál era el problema: mis distracciones.
Un uso excesivo del teléfono, demasiados compromisos, miles de notas con cosas que tenía que hacer y esa búsqueda de la perfección me consumían. Había perdido las riendas de mi vida y lo pagaba gritando a la gente a la que más quería.
Por algún lado tenía que explotar. Era inevitable. Así que estallaba de puertas para dentro, en compañía de las personas que lo eran todo para mí.
Hasta que un día ocurrió algo que me hizo cambiar.
Mi hija mayor se había subido a un taburete para coger algo de la despensa cuando sin querer tiró un paquete de arroz al suelo. A medida que un millón de granos diminutos caían al suelo como si de lluvia se tratara, los ojos de mi hija se llenaron de lágrimas. Fue ahí cuando me di cuenta de que era miedo lo que se veía en sus ojos, pues ya se había mentalizado de que le iba a caer una regañina de su madre.
Me tiene miedo, pensé. Eso fue lo más doloroso. Mi hija de 6 años teme mi reacción por su inocente error.
Llena de tristeza, me di cuenta de que no era la madre que quería para mis hijas, y de que no quería seguir siendo así el resto de mi vida.
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Unas semanas después de este episodio, comenzó mi recuperación; ese momento doloroso me animó a crear el proyecto Hands Free (manos libres) para evitar las distracciones y aprovechar lo que realmente importa. Esto fue hace tres años: tres años de desintoxicación del exceso de distracciones en mi vida... tres años para liberarme de las expectativas inalcanzables y de la obligación social que me presionaban para hacerlo todo. Desde que tengo menos distracciones internas y externas, la rabia y el estrés se han ido disipando poco a poco en mi vida. Con una carga mucho más ligera, he sido capaz de reaccionar ante los despistes de mis hijas de una manera mucho más calmada, comprensiva y razonable.
Empecé a decir cosas como: "Solo es sirope de chocolate. Lo puedes limpiar y la encimera quedará como nueva", en vez de lanzar un suspiro desesperado y una mirada asesina.
Decidí que era mejor ayudarlas a barrer los montones de cereales que cubrían el suelo en vez de lanzarles miradas de desaprobación e irritación.
Me di cuenta de que prefería ayudarla a recordar dónde había dejado sus gafas en vez de regañarla por ser tan irresponsable.
En los momentos en los que el agotamiento y las continuas exigencias se estaban llevando lo mejor de mí, me dirigía hacia el cuarto de baño, cerraba la puerta e inspiraba y espiraba recordándome a mí misma que solo eran niñas, y que los niños cometen fallos. Exactamente igual que yo.
Con el tiempo, desapareció el miedo que se instalaba en los ojos de mis hijas cuando hacían algo mal. Afortunadamente, me convertí en un refugio en mitad de los problemas, en lugar de ser el enemigo de quien había que huir a esconderse.
No estoy segura de si me habría planteado escribir sobre esta profunda transformación de no haber sido por el incidente que ocurrió cuando estaba a punto de terminar de escribir mi libro. En aquel momento, sentí que la necesidad de gritar volvía a oprimirme. Estaba acabando los últimos capítulos de mi libro cuando el ordenador se bloqueó. De repente, todos los cambios que había hecho en tres capítulos enteros desaparecieron ante de mis ojos. Atacada, me pasé unos minutos intentando recuperar la última versión del documento. Viendo que eso era imposible, intenté mirarlo en la copia de seguridad, pero descubrí que el error interno también se había producido ahí. Cuando asimilé que nunca recuperaría el trabajo que había estado haciendo en esos tres capítulos, quise ponerme a llorar. Sentía una rabia indescriptible.
Pero no pude desahogarme porque era la hora en que tenía que recoger a las niñas del colegio y llevarlas a natación. Sin perder los nervios, cerré mi portátil y me di cuenta de que había cosas mucho peores que lo que me acababa de suceder. Entonces me dije que no podía hacer absolutamente nada para solucionar el problema en ese momento.
Cuando mis hijas se subieron en el coche, inmediatamente supieron que algo iba mal. "¿Qué te pasa, Mamá?", me preguntaron al unísono al ver mi cara lívida.
Tenía ganas de chillar "¡acabo de perder un cuarto de mi libro!".
Tenía ganas de darle un puñetazo al volante porque estar ahí sentada era lo último que quería hacer en ese momento. Quería irme a casa y tratar de recomponer el libro, no llevar a las niñas a natación, escurrir bañadores mojados, cepillarles el pelo enredado, hacer la cena, lavar los platos y acostarlas.
En cambio, lo único que dije fue: "Me cuesta un poco hablar ahora. Acabo de perder una parte de mi libro. Y prefiero no hablar porque estoy muy frustrada".
"Lo sentimos mucho", dijo la mayor en nombre de las dos. Y entonces, como si supieran que necesitaba espacio, fueron todo el camino calladas. Y así siguió nuestro día. Aunque estaba más callada de lo normal, no grité e hice todo lo que pude por abstenerme de darle vueltas al tema del libro.
El día ya casi había acabado. Había metido a la pequeña en la cama y me tumbé junto a la mayor para hablar un poco como hacíamos cada noche.
"¿Crees que podrás recuperar los capítulos?", me preguntó.
Y ahí sí que empecé a llorar, no tanto por los capítulos (pues sabía que podría reescribirlos), sino para desahogarme. Estaba tan agobiada por lo de escribir y editar el libro... Había estado tan cerca del final que haber perdido esos capítulos era verdaderamente decepcionante.
Para mi sorpresa, mi hija se acercó a mí y me acarició el pelo con suavidad. Trató de tranquilizarme diciéndome cosas como: "Los ordenadores pueden llegar a ser muy frustrantes", "Si quieres, puedo echar un vistazo a la copia de seguridad" y, por último, "Mamá, tú puedes hacerlo. Eres la mejor escritora que conozco. Te ayudaré en todo lo que pueda".
En ese momento de colapso, ahí estaba ella, paciente y comprensiva, animándome cuando más destrozada estaba.
Mi hija no habría tenido esa respuesta empática si yo hubiera sido una histérica. Porque al gritar se impide la comunicación, se cortan los lazos; la gente se distancia en vez de unirse.
Lo importante es... que mi madre siempre está ahí para mí, hasta cuando me meto en líos.
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Mi hija escribió eso sobre mí, una mujer que pasó por un periodo de dificultades del que no está orgullosa, pero del que pudo aprender.
Lo importante es... que nunca es demasiado tarde para dejar de gritar.
Lo importante es... que los niños saben perdonar, especialmente si ven que la persona a la que quieren intenta cambiar.
Lo importante es... que la vida es demasiado corta como para enfadarse porque los cereales se han vertido o porque los zapatos no están bien colocados.
Lo importante es... que no importa lo que pasó ayer, pues hoy es un nuevo día. Hoy podemos elegir una respuesta más pacífica.
Y con ella, podemos enseñar a nuestros hijos a crear puentes de paz, puentes que pueden ayudarnos cuando tengamos problemas.
El libro de Rachel, 'Hands Free Mama', describe exactamente cómo la autora transformó su vida distraída, perfeccionista y agobiada en una llena de gratitud, paz y vínculos importantes.
Traducción de Marina Velasco Serrano

martes, 14 de enero de 2014

De la web Mimitos de Mamá

Una mamá no es un buzón, pero se esmera en darte buenas noticias
Una mamá no es una caja de seguridad pero puede guardarte el secreto más grande
Una mamá no es un cofre, pero en ella encontrarás el más grande de los tesoros
Una mamá no es una caja fuerte, pero puede cuidar de lo más valioso
Una mamá no es un arma, pero daría la vida por protegerte  de todos los peligros
Una mamá no es un semáforo, pero te puede evitar muchos choques
Una mamá no es un árbol, pero en ella podrás cobijarte bajo su sombra
Una mamá no es una mascota, pero te será fiel y te dará mimos sin condiciones
Una mamá no es una autopìsta pero tratará de guiarte por el mejor camino
Una mamá no es un coche, pero te puede llevar a muchos lugares
Una mamá  no es un caramelo, pero hará lo posible por endulzarte la vida
Una mamá no es un café, pero te acompañará en el momento que le necesites
Una mamá no es es un te, pero puede calentarte los días
Una mamá es sinónimo de paciencia, entrega, sacrificio, perdón, compañia, amor, proteccion, cuidado y un largo etcétera que ocuparían muchas páginas…

Joha Ruiz

lunes, 13 de enero de 2014

Juguetes y no juguetes

Sus juguetes preferidos son:
  • Puzzles o piezas.
  • Coches.
  • Cualquier cosa que no sea un juguete: cajas, botellas de plástico, papeles, revistas...
  • Papá y mamá (subirse sobre ellos, tocarles la cara, contarles los dedos...somos como un parque temático).
Sobre los puzzles estoy flipada. Tal vez sea amor de madre pero empezó con uno de siete piezas que le trajo la tía Carol de Alemania, y ahora con 28 meses vamos ya por el de 20 piezas. Se pasa las horas muertas con ellos, los hace, los deshace, se desespera si no coloca las fichas bien a la primera...nos ponemos con él y le vamos diciendo que mire, que si es un trocito de sol, un pedacito de pez...ahora hay algunos que parece saber de memoria y hasta coloca fichas sueltas que luego va uniendo.

Me gusta que disfrute con ellos. Además he descubierto este artículo de Patricia Matey, de El Mundo, que me ha llegado desde www.eltallerdelaprendiz.es. Muy interesante para leer.



Ritual nocturno

Por la noche es una risa con mi hijo.

Vamos a la pama, dice...cuando llega a la cuna ponemos todo el escenario en funcionamiento: la medusa de luz, Scout en la cama listo para abrazar, musiquita baja suave...pero lo que más le gusta es el juego de papaaaa, agua...papaaaa, cuento, mamaaaa...agua, mamaaaa, cuento, el del bebé (el bebé dinosaurio, que le encanta)..beso a mamaaa, beso a papaaa, beso reyes magos (los quitamos el día 10 y aún se acuerda). Otras veces duda de si dormir o no, y al cogerle en brazos parece Cristobal Colón, con el brazo extendido y el dedo señalando la puerta....salimos, entramos...es todo un ritual para cada noche.

Ahora se vuelve a tumbar como cuando era un bebé, recostadito en nuestros brazos, y disfruta de estar así cogido y de las caricias que le hacemos. Ya pesa, pero es lo mejor de cada noche. Cuando ya quiere ir a dormir, dice adiós mama o adiós papá, le echamos y se queda tan agusto.

Son esas pequeñas cosas que te alegran todo el día y que valen realmente la pena.

miércoles, 8 de enero de 2014

Importante 2014

Feliz año nuevo!!.

Por fin pasaron las fiestas, y lo digo con mucha pena, porque apenas me he enterado de ellas. Menos mal que habiendo un enano en casa las penas son menos y las estúpidas riñas con una parte de la familia, la misma de siempre, se sobrellevan mejor...en fin...

Además Diego empezó diciembre con una bronquiolitis tremenda, no podía respirar y estuvo una semana con mucha fiebre, subíamos a urgencias casi de seguido porque no bajaba, hasta que dieron con lo que tenía. De no tener más que un catarro cuando le vio la de urgencia, de un día para otro pasó a principio de bronquiolitis y otitis. No lo entiendo pero así es. De una mañana a una tarde. Flipante.

Diego se ha pasado cantando villancicos todas las fiestas y ha descubierto que le encanta el roscón y le gusta el chocolate, aunque toma un trocito y ya. En su repertorio musical está el fun, fun, fun, el campana sobre campana, el llinglebels como dice el y ya vienen los reyes....aún tenemos el belén puesto y aún pide dar un beso a los Reyes Magos antes de dormir.

Sigue el proceso meteórico de aprender y decir cosas nuevas. Ha hecho su primer trazado más o menos recto en un papel, los puzles se le dan de maravilla, los de 9-15 piezas, sigue aprendiendo palabras en inglés y se entretiene más jugando solo y con cuentos, todas las noches también pide su cuento a papá y mamá, pero siguen también los puntos de gritos desenfrenados sin venir a mucho cuento de repente, convirtiéndose en Mr. Hide, y las tardes interminables sin siesta o con cabezada de última hora, con lo cual se le pone un humor que ni Freddy Crugger....

Le sigue gustando "Mipi" mouse, pero ahora hemos pasado tb a Caillou y Thomas el tren. Se los ha requisado a sus primos y no hace caso a lo que le han traido a los reyes....así que hemos guardado los reyes y se los vamos a ir sustituyendo según pierda interés por los juguetes que tiene ahora.

Le encanta ayudarme a su forma para hacer las camas, limpiar, hasta intenta ayudarme a cocinar, sacando cosas de los cajones o colocando las servilletas. Y cada vez que ve una pelusa o algo en el suelo, lo tira a la basura. Lo malo es que en los parques tb lo hace y se tira todo el rato tirando cosas en las papeleras, todo lo que encuentra!!!!. 

Le compramos para su cumple un cepillo de dientes eléctrico, el que hay en Imaginarium para los dos años, y ha sido un éxito. Donde no hay avances es en pis y caca, y aunque empieza a decirnos cuando va a hacer caca, avisando antes, no logramos que se siente en la taza, tiene verdadero pánico a sentarse. Nos sigue y se ríe cuando le enseñamos como se usa, pero ya. Seguiremos jugando con él e insistiendo, a ver que vamos logrando.

Veremos que nos depara este año y como nos apañamos, porque la elección de cole es un gran dolor de cabeza....