Creo que vuelcas en mi tu frustración ante tanto cambio. Hoy tu profesora me dijo que de repente te habías puesto muy triste en clase, diciendo que querías a mamá, y luego se te ha pasado, pero que has tenido un mal rato en que no eras capaz de sonreír. Esto me ha partido en dos.
No entiendo por qué después, por la tarde y sin mediar palabra ni venir a cuento, te pones a pellizcar, morder, pegar patadas y tirar del pelo a mamá. Y no puedo más que echarme a llorar de impotencia.
Hoy ya no podía más después de casi una hora de aguantar de todo, incluso de que me sangraran los lunares de los brazos, y he hecho lo peor, te he arañado en la pierna. Enseguida te he pedido perdón pero ya era tarde. Y no estoy orgullosa de ello, me siento lo peor.
Estoy muy orgullosa de ti porque a pesar de esto, eres un campeón y has ido aceptando los cambios, uno tras otro, sin decir nada y siempre sonriendo. Y creo que indirectamente estás diciendo que estás harto. Ojalá me tocara un buen pellizco de dinero, pero no por lo que podría pagar o comprar, sino por tener la tranquilidad de poder estar contigo siempre sin que te faltara ni un techo ni algo que comer, y dedicarme solamente a hacerte feliz y jugar contigo.
Espero que algún día puedas perdonarme por devolverte ese arañazo. Te quiero.