Este día se recuerda la firma de la Convención sobre los
Derechos del Niño de 1989 en el Día Universal del Niño, firmada un 20 de
noviembre.
El futuro de la tierra es de ellos. También existe la
declaración de los derechos del niño, redactada en 1925 por Save The Children y
puesta en marcha en 1959 por las Naciones Unidas.
Pero la realidad es que las cosas buenas que estas
organizaciones ponen en un papel, como todo lo que los que gobiernan ponen en
un papel, se separan mucho de lo que existe. Siguen muriendo miles de niños por
hambre y enfermedades menores cada día, algo totalmente evitable y que al
llamado "mundo desarrollado" no nos da la gana corregir. Sin contar a
los millones de pequeños afectados por la guerra como en Siria, África o
cualquier parte del mundo, o por el tifón Haiyan, o por la explotación
infantil. Por desastres naturales o por la locura y egoísmo de los adultos.
Tampoco hay que salir de España para encontrar niños que sufren.
Nos dicen que se han logrado avances. Que la mortalidad infantil bajó en 2012 a unos 6,6 millones, casi la mitad de las registradas en 1990. Es una buena noticia, pero no es suficiente, nunca va a ser suficiente.
En este mundo egoista y en el cual el hombre parece
capacitado para hacer grandes cosas, parece que somos totalmente inútiles para
afrontar algo tan importante como salvaguardar nuestro futuro. Ni la tierra que
se muere ni los niños que sufren ni nada que no sea lo nuestro nos importan.
Solo nos importa nuestro propio culo.
Para el próximo año tengamos un propósito: preocupémonos más
también de como están los demás y de cómo podemos ayudarnos. Esa si que es una
cadena que no deberíamos romper.
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